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Crónica del Primer Brevet de 200 Km

Fuimos 12 en total los que participamos oficialmente en el primer brevet de 200 Km el pasado sábado 6 de diciembre, 2014. Iniciamos a las 06:00 AM desde el Hotel Freeman en Olas Altas (Mazatlán, SIN.)  con la puesta monumental de una luna llena sobre el Pacífico.

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La luna se acuesta mientras que nos congregamos en la salida

Como aún no amanecía, todos empezamos con las luces delanteras y traseras encendidas (en función de luz fija) y chaleco reflejante de seguridad, tal como lo requiere el reglamento del Audax Club Parisien, organización de la que somos parte. Una media hora después, ya navegando por el norte de la ciudad, comenzamos a recibir los primeros rayos del sol. Para no perder tiempo, muchos continuamos con los chalecos puestos. No molestaban ya que hacía fresco y el primer punto de control era a tan sólo 28 Km.

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Dando las últimas instrucciones antes de la salida
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En posición para la salida
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Ya rodando por la ciudad por Ave. del Mar.

En el primer punto de control (El Habal), nos detuvimos en la tienda “Hit Market” donde hicimos fila ordenadamente para comprar bebidas y comida para merendar. Además de guardar el ticket de compra obligatorio, sabíamos que esto iba a ser un largo recorrido y había que comenzar a llenar el tanque desde un principio.

De ahí continuamos y nos desviamos hasta el poblado de El Salto por una serie de leves columpios. No había punto de control ahí pero la pasada era obligatoria para cumplir con el kilometraje mínimo que exige la ACP. De ahí regresamos para retomar la ruta principal y seguimos hasta La Noria y luego hacia Puerta de San Marcos, nuestro segundo punto de control ubicado a 74 Km. Saliendo de El Salto uno de los participantes me dio noticias que dos de los participantes decidieron abandonar el brevet en El Habal (ojalá se animen para la próxima en enero). Hacia Puerta de San Marcos el grupo comenzó a dispersarse. Ya era notable dos grupos distintos — los rápidos y los menos rápidos.  Llegamos a la tiendita de Don Antonio en Puerta de San Marcos. Don Antonio fue atento y tomó su responsabilidad en validar nuestros carnets muy en serio. Ya estaba esperándonos instalado en una mesita en el porche de su establecimiento con pluma en mano. Nos informó que los otros ya iban unos 20 mins. adelante y nos preguntaba como los íbamos a alcanzar. En su mente, él pensaba que era carrera. Le explicamos que no lo era. El propósito de este evento (brevet) era terminarlo a tiempo, pero no había ni ganadores ni perdedores. Teníamos que pasar por los puntos de control dentro de las horas estipuladas y  alcanzar la meta antes de las 20:00 horas para nuestro recorrido de 210 Km. Cuando se dio cuenta que tan lejos era el recorrido, comprendió.

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Un par de amigos randonneurs saliendo de La Noria

Justo al salir de Puerta de San Marcos hacia El Vainillo (tercer punto de control), nos tocó una de las subidas difíciles, aunque de ida la verdad que no lo era tanto. Acabábamos de descansar,  comer e hidratarnos en Puerta de San Marcos. De ahí me adelanté, y cuando menos siento, ya me había separado de mi grupo. Me tocó navegar solo el resto del brevet. La verdad que cada persona hace esto a su ritmo. Después de El Recodo, pasé por la zona de “los columpios” — una serie de subidas y bajadas que imponen cierto reto. Abarca unos 10 Km. Luego es casi todo plano hasta El Vainillo. Muy cerca del poblado de Lomas de Monterrey, comencé a ver que ya regresaba el primer grupo. Entre ellos ya se habían separado en dos grupos distintos con una breve separación de unos 2 Km.  Cerca de El Vainillo los camiones de grava que trabajan en la construcción de la extensión de la autopista se volvieron un fastidio. Lo bueno es que el tramo con este inconveniente es corto. Llegué a la tienda “Tecate” de El Vainillo. Se encontraba ahí esperando el Sr. Gerardo, dueño de la tiendita. Hacía preguntas de curiosidad sobre el recorrido. La distancia se le hacía difícil en auto y en bici ni se diga!

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La Tremenda Subida – Cerca de Puerta de San Marcos

Ya era casi el mediodía cuando comencé a rodar de regreso con más de 115 Km en el odómetro.  Ya la mitad de los participantes había sobrevivido más de la mitad del recorrido. El calor a esa hora agobiaba. Pasé la zona de columpios nuevamente. Paré justo antes de entrar a El Recodo (140 Km) para comprar agua. Los pies me dolían un poco. Me quité los zapatos por unos minutos para refrescarlos y noté que eso me ayudó mucho después. Por lo menos no era el neuroma metatarsal en el pie izquierdo, condición que comencé a sentir un par de veces en las últimas semanas. Se manifiesta en un pequeño nervio que se inflama entre el tercer y cuarto dedo del pie. Se siente como si uno tuviera una piedrita en el zapato. Si no lo tratas a tiempo, llega a convertirse en dolor. Lo bueno es que lo he podido controlar exitosamente con algunos ajustes en mi calzado de ciclismo y en los pedales.

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Pasando por un pueblito de la región
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Descansando en El Vainillo en preparación para el retorno

Seguí rodando solo hacia Puerta de San Marcos.  El camino asfaltado era muy tranquilo rodeado de cerros, ranchos y campos agrícolas. Sólo vi pasar un par de autos y un par de motocicletas. El ganado vaga tranquilamente por esa zona. El resultado de las lluvias del pasado verano y este otoño era notable. Varios cerros estaban revestidos de árboles con una flor rosada — daba la impresión de ver el florecimiento de cerezos en Japón. A la distancia se podía apreciar la Sierra Madre majestuosamente. Justo antes de llegar a Puerta de San Marcos, me tocó lo que ahora muchos conocen como “La Pared”. Son dos subidas extremas en una zona de aproximadamente 1.5 Km. La primera es corta pero la segunda es larga, o por lo menos da esa impresión por su severa inclinación. A pesar de que las subí en los 165 Km del Ciclotour, esta vez las caminé ambas para guardar energía y para que las piernas no se me ablandaran como espagueti. Estas subidas lo pueden consumir a uno muchísimo. Justo antes de subirlas me quité las mangas blancas contra el sol ya que me acaloraban demasiado. Igualmente me bajé el zipper del jersey hasta donde más podía, cuestión que nunca acostumbro. Ahora entiendo porque hay tipos que se suben la camisa y muestran la panza en el malecón en las tardes de verano. Como que el “radiador” funciona mejor, ¿no?

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Uno de los cerros con árboles floreciendo

De regreso a Puerta de San Marcos (último punto de control a 158 Km) ya andaba Don Antonio de vago por casa de su hermana. Lo llamaron a gritos. En menos de un minuto llegó corriendo algo apenado y se instaló en su mesita para validar nuevamente mi carnet. Le pregunté como lo había ido con el negocio ese día. “De maravilla” respondió. Fuimos un grupo pequeño de ciclistas pero estaba muy satisfecho con las dos paradas que hicimos ahí para abastecernos.

Camino a La Noria me comenzó a doler un poco la espalda baja y comencé a tener un leve malestar en el tobillo derecho. Así que llegando a La Noria me detuve un ratito para estirar las piernas y me tomé la botella de Electrolit que había comprado en Pta de San Marcos. No tardé más de 3 minutos y me puse de nuevo en marcha. La Noria se encuentra al fondo de un valle. Hay que vencer una montaña. La subida es de varios kilómetros que dan la impresión que nunca van a terminar. Afortunadamente, en ningún momento la pendiente es extrema — sólo hay que pedalear y pedalear modulando la cadencia — las piernas giran y giran las bielas de la multiplicación hasta parecer aspas de un gran molino de viento que cambian de velocidad.  Había mucha sombra al llegar a la parte más difícil, lo que me ayudó un montón. Uff! Al final subí sin inconvenientes.

Llego a El Habal. Paso a comprar una botellita de agua fría en el Hit Market. Me la tomo rápidamente y continúo. Noto que a pesar que todavía hay luz del sol, ya los autos comienzan a circular con las luces encendidas. La última sección de El Habal hacia Cerritos (casi toda de bajada) incluye también varias curvas. Así que, por seguridad, enciendo mis luces. Al llegar a Cerritos (extremo norte de Mazatlán) ya el sol está a punto de ponerse. Me quedan sólo unos 3 kilómetros pero decido ponerme mi chaleco reflejante. Me doy cuenta que es la primera vez en mi vida que tengo la fortuna de ver el sol salir y acostarse el mismo día mientras que ando en bici. Llego a las 17:20 al Rico’s Café. Faltan cuatro participantes más. Es decir, a la mitad de los participantes (de los que terminamos) nos sorprendió la noche. Creo que nunca nos lo imaginamos, sobretodo en el brevet de 200. Lo de requerir luces y chaleco reflejante de seguridad obligatoriamente se hizo obvio que no era por gusto. En Europa llevan décadas realizando estos eventos. Como dice el dicho, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Los primeros randonneurs (ahora sí con el título oficial) llegaron a la meta a las 15:20 con un tiempo en ruta de 9 horas 20 minutos para completar el brevet de 210 Km.

Para este primer brevet, tuvimos el honor de tener la participación de un randonneur francés (reside ahora en el D.F.) que realizó la última edición del París-Brest-París en el 2011. Vino para clasificarse para la edición del 2015. Nos comentó que le encantó la ruta escogida — muy fácil de seguir y también muy pintoresca. Le preguntamos si la encontró difícil. Su respuesta fue que, a excepción de “La Pared”, la ruta del París-Brest-París es muy parecida, aunque con la gran diferencia que son 1.200 Km con ese tipo de topografía.

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Tuvimos el honor de tener a un randonneur francés – Realizó exitosamente el PBP del 2011

Merece la pena contar un poco la historia del último participante que llegó a la meta. La verdad que llegó heroicamente.  Este joven relata cuánto sufrió con un fuerte dolor en la patela de una rodilla debido a un asiento muy bajo (no contaba con la herramienta necesaria para ajustarlo.) La noche, además, lo atrapó por completo. Se encontraba aún en La Noria completamente solo. Los malos pensamientos lo abrumaban. Pensó varias veces en abandonar y llamar a un familiar para que lo pasaran a recoger. Lo intentó pero el celular no recibía señal. Su bici era ahora su mejor compañía. Decidió hacerle un último intento con el reto final: la subida de La Noria. Era como si le hubiera tocado salir de ese pueblo en un pasaje bíblico y que le dijeran “¡Sal de aquí y no mires hacia atrás!” En la cumbre, las ganas de terminar el brevet lo reanimaron. El fresco de la noche lo llenó de energía. En la bajada que seguía, este entusiasmo se convirtió en euforia. La adrenalina hizo igualmente que el dolor de la rodilla desapareciera como arte de magia. Ahí se dijo a sí mismo, “sea como sea voy a llegar a la meta aunque llegue tarde”. Es increíble ver como el cuerpo se adapta ante estas circunstancias de adversidad. Pedaleó y pedaleó y, al final, lo logró! Llegó al Rico’s Café a las 19:47, a tan sólo unos minutos del cierre oficial del brevet a las 20:00. ¡Y así se resume el espíritu de un gran randonneur!

Si participaste en el brevet del sábado 6 de diciembre, te invitamos a comentar como te fue. ¿Qué aprendiste? ¿Qué harías diferente en tu próximo brevet?

¡MUCHAS FELICIDADES Y GRACIAS A TODOS LOS QUE PARTICIPARON EN EL PRIMER BREVET REALIZADO EN MÉXICO!  ¡FELICES FIESTAS Y NOS VEMOS EN ENERO!

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Randonneurs felices de haber logrado la meta a pesar de un largo día

 

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